domingo, 12 de febrero de 2017

II ULTRA SIERRA NORTE DE SEVILLA (105 KM.) 29 y 30 de noviembre de 2014.

II ULTRA SIERRA NORTE DE SEVILLA (105 Km.) 29 y 30 de noviembre de 2014

Afrontaba esta Ultra con bastante ilusión e incertidumbre, ilusión porque había posibilidades de que mis padres me acompañaran en esta nueva aventura e incertidumbre porque se desarrollaba por una zona de mucho carril y bastante llana, al estilo de la de las Millas Romanas, pero con la preparación y experiencia de haber afrontado ya varias ultras y carreras largas.  A la vista de las carreras largas que he realizado donde hay mucho desnivel, a nivel de fuerza y musculatura, las afronto bastante bien, ya que en las bajadas se me van cargando los cuádriceps pero con un dolor muy llevadero y que no me limita a la hora de seguir corriendo, sin embargo, cuando son carreras llanas y largas lo que se acaban cargando son los gemelos y el dolor de gemelos, en ocasiones, se me hace bastante insoportable, es como si me apresaran la musculatura con unos cepos.  Precisamente por eso, decidí ir tomando cápsulas de glutamina y aminoácidos a ver si me ayudaban a aliviar el dolor y retrasar la fatiga, junto con una bebida recuperadora, es decir, me arriesgaba con tres nuevas cosas en una carrera tan larga.  No se cual de ellas me perjudicó el estomago.  Sé que estas pruebas siempre deben hacerse en entrenamientos para que el cuerpo se habitúe.  Lo sabía pero decidí arriesgarme y probar.  Me salió mal la jugada.

           Había terminado hacía dos semanas mi segunda carrera de Maratón de Montaña Jarapalos, el 15 de noviembre de 2014, y dos semanas después, casi sin posibilidad y tiempo de recuperación, venía esta ultra de 105 km. y casi 2000 + positivo.  En Jarapalos sufrí de nuevo el escalón cardiovascular, por llamarlo de alguna manera, que ya me ha pasado en alguna que otra carrera.  No sé si puede deberse a la falta de recuperación.  Creo que sería interesante utilizar un reloj para que me mida la frecuencia cardíaca. El año pasado por estas fechas estaba a punto de participar en mi primera maratón de asfalto (la IV Maratón de Málaga) y este año me iba a un "pueblecito" de unos 3000 habitantes de la parte norte de la provincia de Sevilla a correr una ultra de muchísimos kilómetros.   El precio de la inscripción está bastante bien (35 euros), los avituallamientos bien surtidos y las críticas de la edición del año anterior la dejaban en buen lugar.  Me inscribí con bastante antelación y la tenía en mente desde el año anterior.  Quería hacerla.  Dan 2 puntos para las pruebas de la UTMB.

           

       Decidí correr con las zapatillas Dynafit Pantera y las plantillas de Jorge Peralta.  Los problemas de fascitis plantar no acaban de desaparecer aunque en las carreras apenas si me molestan.  También estaba el problema de la inflamación del tibial de la pierna derecha que en la Ultra del Valle del Genal me dejó el pie con una inflamación en la zona que me duró casi una semana y en esta nueva ultra, aprendiendo más de mi cuerpo vía ensayo-error, iba a probarme pero sin llevar ningún tipo de compresión en las pantorrillas, tan solo los calcetines Lurbel y nada más.
           

            Reservé hotel (Bulevar) en Burguillos, pueblo a unos 12 km. de Castilblanco de los Arroyos.  Allí llegué el viernes por la noche, después de recoger el dorsal en el pabellón de Castilblanco y hablar con una tienda de zapatillas (universal running) sobre las hoka mafate Speed y las hoka rapa nui 2.  El mismo hotel es el que iban a utilizar mis padres al día siguiente ya que para mí, en vez de ir a la comodidad del hotel y para vivir más la aventura iba a pasar la noche después de la carrera en el propio pabellón de Castilblanco con mi saco de dormir y mi nueva esterilla, más acolchada, comprada en la tienda La Trucha de Málaga.

        

  Los días previos a la carrera había llovido en cantidad y en la salida ya nos advirtieron de que habría mucho agua y barro como así fue.  En la relación de inscritos pude comprobar que también estaban los “Patrisaqui” (Patricia e Isaac) del club a los que tuve el placer de saludar en el desayuno del hotel previo a la carrera.  Tomé un café y una tostada y me dirigí a la salida.  Dejé el coche próximo al pabellón y ya andando me encaminé a la salida, la Plaza Amarilla de Castilblanco de los Arroyos.  Llamé a mis padres y me dijeron que estaban en la salida de la carrera.  Se habían dado un buen madrugón para ver a su hijo, además, con el añadido de hacer más kilómetros por carretera de montaña, de noche y con lluvia, al desviarse en el Ronquillo y no en Las Pajanosas como le había recomendado.  De todas formas, muy agradecido por el esfuerzo.  No todos los padres están dispuestos a hacer eso.

Allí saludé de nuevo a los “Patrisaqui”, nos hicimos fotos e incorporamos en las mismas a un élite como Manuel Anguita, el campeón de ultra trail de Andalucía en el Valle del Genal.  Después de mucho mirar, encontré y saludé a mis padres que llevaban desde hacía una hora por la zona y les expliqué donde podían verme, hotel, etc.  La verdad que, eso de que vengan a verte, da una motivación extra y en los momentos en que uno se puede plantear retirarse, el hecho de tener familia o amigos contigo ayuda a no rendirse y seguir adelante, como ya me ocurrió en la Granja de San Ildefonso en el Ultra Trail Peñalara o en ésta, en el kilómetro 75, en Almadén de la Plata.


            A las nueve de la mañana se dio el pistoletazo de salida.  Con mi mochila del Decathlon, mis bastones Camp azules de 135 cm. y mis calcetines Lurbel, camiseta de TRM y el uniforme habitual de las últimas carreras con mallas por debajo de las rodillas empecé a trotar a un ritmo tranquilo por el asfalto camino del primer avituallamiento en el kilómetro 12 en la ermita del pueblo.  Los primeros 3 o 4 kilómetros fueron de asfalto pero luego ya entramos en un carril amplio de tierra con muchos charcos y algo de barro.   De Castilblanco de los Arroyos, con bastante animación en el pueblo, salimos unos 500 corredores aproximadamente, 241 para la larga de 105 km. y otros tantos para la corta, de 75 km. y que finalizaban en Almadén de la Plata. 
Hacía frío pero no tuve necesidad de ponerme los guantes.   Durante estos primeros kilómetros charlé con un chaval de Jerez de la Frontera, de un club llamado Barca Trail.  Por lo visto, el año pasado habían metido demasiado asfalto y él se tuvo que retirar en el kilómetro 30.  Creo que se llamaba Gabriel. 


            Pasado el kilómetro 12 volvemos sobre nuestros pasos y en la primera ascensión saco mis bastones que ya los utilicé durante toda la carrera.  Nos cruzamos con los primeros, entre ellos a Manuel Anguita.  Por mi parte, dejo a Gabriel atrás y con fuerza avanzo unos kilómetros más hasta que giramos a la izquierda para entrar en un carril sendero con mucho barro.  Algunas zonas son campo a través.  Las zapatillas, a pesar de que uno busca la hierba o las piedras, para no meter los pies en el barro o en el agua, se ponen perdidas de barro.   Por cierto, para evitar algo de barro y sobre todo que no me entrara arena y piedras en las zapatillas, había quedado con un corredor del Club Tritón de la Sierra de Grazalema, Paco Remolino, que me iba a vender unas polainas.  Al final no nos pudimos ver por lo que en la carrera, a diferencia de otros, el hecho de no llevar polainas, podía suponer tener que quitarme las zapatillas para sacudirlas porque me iba a entrar de todo, como así fue.   En el km. 19  llegamos al siguiente avituallamiento donde había refresco de cola, agua y golosinas.  Ya habíamos pisado mucho barro pero eso no era nada con lo que nos esperaba.  Ahora venían 8 kilómetros de subida y bajada por un camino, casi siempre sendero lleno de agua y con mucho barro y que circulaba paralelo a la carretera.  En la bajada algunos corredores me pasaron.  Como siempre, no es momento de apretar y si otros tienen un ritmo superior, adelante.  Algunas zonas son resbaladizas y con muchas piedras, en otras zonas nos encontramos con enorme charcos que a veces vadeamos y a veces no. El agua está bastante fría y sientes como los pies se te entumecen un poco.  Me coge el compañero Gabriel del club Barca Trail. Nos dirigimos al puente y al embalse de Melonares.  Allí, al cruzar el puente, un militar que está animando a todo el mundo me hizo una foto muy bonita.  Volvemos otra vez al barro y a una zona de sendero durante varios kilómetros.  Es en esta zona donde siento lo que yo llamo un escalón cardiovascular, aumentan las pulsaciones y necesito parar de correr y avanzar andando hasta que recupero pulsaciones.  Aprovecho para beber y comer algo. Empiezo a sentir bastantes dolores musculares, sobre todo de los gemelos, pero, a pesar de todo, vuelvo a correr ayudándome de los bastones. Gabriel me deja justo en el momento en que dejamos el carril y nos introducimos en el asfalto, carretera por la que avanzamos durante varios kilómetros. 

            

     En el kilómetro 33 aproximadamente llegamos al siguiente avituallamiento donde como chocolate y me echan réflex en los gemelos, pues los llevo bastante cargados.  Ahora se avecinan muchos kilómetros de carril y me los tomo con tranquilidad.  Empezamos a vadear el embalse de Melonares en dirección a la Finca el Berrocal.  Me coloco los auriculares y empiezo a correr en las zonas llanas y en las bajadas y andando rápido, incluso a veces corriendo, cuando el carril pica hacia arriba.  La temperatura es bastante agradable.  Consigo adelantar a unos cuantos corredores a pesar de sentirme pesado y con muchas molestias musculares.   Paso por varios avituallamientos, sigo con las molestias pero aún así adelanto a más corredores.    Sobre el kilómetro 53 tenemos que atravesar un río.  En un principio, no encuentro por donde pasar hasta que pregunto a unos voluntarios que me indican con bastante gracia que por donde quiera porque mojarme me tengo que mojar.   Son unos 6 o 7 metros de río que me llegan un poco por encima de las rodillas. Atravieso el río y justo llego a un nuevo avituallamiento.  Me empiezo a encontrar con molestias de estomago.  A partir de ahí el carril se torna zigzagueante y en continúa subida.  Llegamos a los kilómetros más complicados en cuanto a desnivel.  El paisaje se vuelve más montañoso.  Hay que atravesar varios arroyos con bastante agua y volver a mojarse los pies.  No queda otra. Cada vez tengo más molestias estomacales y empiezo a notar que voy sin fuerzas y bastante lento.  En la subida me empiezan a adelantar algunos corredores.  Estoy sufriendo más de la cuenta a pesar de no llevar más de 55 km.  Estamos en pleno Parque Natural de la Sierra Norte de Sevilla.  El paisaje es hermoso pero el cuerpo no acompaña.  En una bajada intento correr y lo consigo durante varios kilómetros pero el cuerpo no responde.  Me encuentro mal.  Suelto lastre y vuelvo a incorporarme a la carrera con bastante sufrimiento.  Ahora viene un sube y baja por cortafuegos.  Es parte de la zona técnica de la carrera.  Sigo con problemas gastrointestinales.  Me digo que no estoy bien y que no puedo seguir así.  Pienso en retirarme.  Atravieso los cortafuegos como buenamente puedo.  Me empiezan a adelantar bastantes corredores.  En el siguiente avituallamiento, kilómetro 65 aprox., recibo muchos ánimos al ver la cara de derrotado que llevo.  No puedo comer nada.  En estas circunstancias no puedo seguir.  Lo tengo decidido.  Me retiro en el kilómetro 75, en Almadén de la Plata.   Mi cuerpo no responde.  Las horas van pasando y en poco tiempo se hará de noche.  El frío empieza a arreciar.  Volvemos a zona de carril en una continua bajada por una zona bastante frondosa y rodeado de un enorme bosque de alcornoques, pero ya no puedo correr. Me siento cabreado.  Me adelantan más corredores.   Voy andando y a ritmo lento pensando en retirarme.
Al terminar la bajada, vuelvo a apartarme del camino. Los problemas gastrointestinales no cesan. Creo que fue en este momento cuando los “Patrisaquis” me adelantaron.

Me estoy deshidratando pero hay que continuar.  Aprovecho este momento para colocarme el frontal. Vuelvo a la carrera. A paso rápido porque el frío aprieta parece que algo me entono. Lo que era una decisión tomada de retirarme en Almadén ya no lo es tanto.  Al menos, terminarla- me digo.  Es una lástima que estando mis padres, me vaya a retirar.  Hay que ser finisher como sea.  No importa el tiempo.  Aunque sea andando.
Siento que voy superando los problemas estomacales.  Aún así, no puedo correr y me siento débil y sin fuerzas, pero poco a poco vamos sumando kilómetros ya con noche cerrada y deseando ver a mis padres que me esperan en Almadén de la Plata.
         
        Con cara de mucho sufrimiento entro en las calles del pueblo, con el continuo repique de los bastones al chocar contra el asfalto. Entre las calle me sorprenden mis padres. ¡Qué alegría!   Eso de tener asistencia en los avituallamientos es un gran privilegio, sobre todo, a nivel moral.  En fin, acompañado por ellos, entramos en el pabellón donde saludo a los “Patrisaquis” que se están cambiando.  Hay mucho ambiente, corredores, familias y voluntarios.  Recojo la mochila y me siento. Me encuentro muy cansado. Llevo los pies encharcados.  Aprovecho para cambiarme de calcetines y de zapatillas, con la inestimable ayuda de mi madre. Como algo, no mucho, caldo y algo de tortilla de patatas.   Me hubiese gustado más un plato de pasta, pero es lo que hay.  De todos modos, parece que el estómago se va recuperando y puedo comer algo.  A mis padres, les digo que no me esperan en Castilblanco.  Hace mucho frío y voy a llegar muy de madrugada.  Mejor que se vayan a descansar al hotel en Burguillos.
Muy bien abrigados salen los “Patrisaquis” y yo al cabo de unos 10 minutos con nuevas zapatillas (cambié las Dynafit Pantera por las Brooks Cascadia) y lo que es más importante, con los pies calientes.
La noche es fría pero voy bien abrigado.  Me quedan 25 kilómetros y dos avituallamientos.  Unas señoras, desde el umbral de su casa, reflejan asombro ¡qué valor!.
Tras un primer repecho a la salida del pueblo, viene una larga bajada por sendero, entre jaras y retamas y alguna que otra piedra.  Vuelvo a correr durante unos cuantos kilómetros.  Más adelante seguimos por carril.  Adelanto a dos corredores parados, uno de ellos con la manta térmica, en clara señal de hipotermia.  Hace frío y ese frío obliga a correr.  Es noche cerrada.  Se escucha el ulular de los búhos.  Al fondo del carril veo frontales de corredores.  Creo que puedo cogerlos.  Puede que sean los “Patrisaquis.”  Algo me animo.
            Atravesamos una carretera cubierta de agua y gracias a los muros de la cuneta podemos sortearla y empieza una larga subida de carril.   Con la subida es cuando noto que los problemas gastrointestinales y la deshidratación pasada me han mermado las fuerzas y pierdo el contacto visual con los que tenía delante.  Mi marcha se ralentiza y vuelven los malos pensamientos, el desánimo, etc.
            Al cabo de un tiempo, me adelanta un corredor.  Toca remar contra la mente y seguir sufriendo y sumando metros.
            Tras bastante tiempo y avanzar unos cuantos kilómetros, consigo llegar al km. 88 de carrera, penúltimo avituallamiento en mitad de la nada, en una dehesa.  Tengo frío y estoy muy cansado.  Me siento a descansar un rato.  Ya me queda menos.  Mi cuerpo, mi mirada y mi comportamiento lo dicen todo.  Me siento extenuado y con bastante frío.  Los voluntarios del avituallamiento se miran como diciendo “este va tocado y no sabe lo que le espera”.


Les pregunto como es el terreno que queda.  Me dicen que no es muy duro.  Me mienten descaradamente.  Durante 11 o 12 kilómetros atravesamos un supuesto sendero paralelo a la carretera que va desde Almadén hasta Castilblanco de los Arroyos, cruzando dehesas y más dehesas pero que la lluvia lo habían vuelto impracticable.   El supuesto sendero es un barrizal en estado puro y psicológicamente es machacante ya que a escasos metros está la carretera.   En varias ocasiones, a punto estoy de caer y en otras, de dejarme las zapatillas en el lodazal.  Cada vez hace más frío y estos kilómetros se me hacen interminables, eternos, pero siempre albergo la esperanza de que en algún momento terminará.  Me adelantan varios corredores.
Por fin, salimos a la carretera y llegamos al último avituallamiento.  Creo recordar que los voluntarios se calentaban con una buena hoguera. Como unas galletas y poco más. 
La luz de mi frontal muere allí.  Menos mal que hay otro corredor y siguiendo su estela, andando, realizamos juntos los últimos 5 kilómetros.  Al fondo vemos las luces de Castilblanco de los Arroyos.  ¡Qué paliza!  Prueba superada.  Voy tan cansado que antes de llegar a meta, paso delante de mi coche para coger la mochila y el saco de dormir.
En línea de meta, donde hay varios familiares y los encargados de la organización para registrar los tiempos, con bastante frío, cruzo de esa guisa, es decir, con saco de dormir, esterilla y dos mochilas.  El chaval de la organización me miró extrañado y le expliqué lo que había hecho.
Al final, algo más de 17 horas.  Muchas cosas que aprender y recordar. 
Mis penurias no terminaron allí.  Luego toco una ducha de agua fría (no había agua caliente) y una tiritera de aúpa.  Al final, aunque no dormí, al menos pude entrar en calor en el saco y algo descansé.  Por la mañana, ya de día, todavía se estaban esperando a los últimos corredores. Aunque muy fatigado, al menos me llevaba la alegría de haber resistido y finalizado la segunda edición de la Ultra Sierra Norte de Sevilla.
Cargué los bártulos en el coche y me fui a Burguillos, donde me tomé un buen desayuno acompañado por mis padres. Merecida recompensa.